
José, al saber que la vida se despedía de su cuerpo, sintió paz. Y en la figura de su avatar espectro cruzó al otro lado.
Su grave problema es que sus ideas sobre como debería ser después, muy poco le importaron a su Dios en el momento de construir su cielo, y mucho menos valor tuvo en el momento en que entendió que el Reino de los cielos, no estaba ante la ilusión que parecían ser sus ojos, puesto que José aun creía poseer un cuerpo, una forma humana, incluso aun vestía su túnica de colores. Para su desventaja, el intérprete de sueños murió en el Sahara, lo cual implica que en esta vida, al igual que en la siguiente, yace dentro de territorios de otras deidades.
Abrió sus aparentes ojos después de cruzar y vio que seguía en Egipto, pero el reino entero brillaba como el más puro oro de esas tierras vecinas que después se llamarían Sierra Leona. Una voz profunda pero complaciente le da la bienvenida, y al voltear para ver su rostro, era el Faraón. Era el Otro Reino o como suelen llamarlo algunos, El Reino del Otro.
-Para entrar al Otro Reino, debes contestar dos preguntas- dijo el Faraón Dorado; -Pero, mi señor, yo soy Hebreo, este no es mi lugar- replicó José. Entonces, con un tono hilarante respondió –Tus vestimentas son de la nobleza del reino del otro lado y tal como lo dicen las reglas, si dejaste tu cuerpo en las inmediaciones de Nilo, entras en mi jurisdicción. Pero no te preocupes, dime el nombre de tu Dios, me pondré en contacto con él y empezaremos la negociación sobre tu porvenir-.
En ese momento José trató de recordar todas las enseñanzas de su linaje desde Abraham y llegó a la conclusión de que su Dios cometió la tremenda falta de delicadeza de nunca presentarse, ya que siempre existió; y como todo judío sabe como norma de modales, todo aquel que llega tarde, debe saludar a los que ya estaban ahí desde el principio y quizá por esta razón guardó silencio.
-Lo siento, pero desconozco el nombre de mi Dios. Siempre pensábamos que era el único, así que solo le decíamos “Dios” o “Padre” y en ciertas ocasiones recurríamos al sirio arameo y lo llamábamos por el nombre de “Ihova”, que en últimas instancias también significa “Dios Padre”. No, nunca nos dijo su nombre, nosotros creamos un sobrenombre para el- Dijo el hebreo, lamentando nunca antes haber notado tal carencia de educación de su creador.
El Faraón procedió a explicarle al pobre semita como funcionan las leyes de la jurisdicción celestial y susurrando en su oído simplifica el planteamiento legislativo diciendo –Al final, todo es lo mismo. Así que no te preocupes por estos pequeños detalles. Lo que te debe preocupar es solo tu respuesta a cada una de mis dos preguntas- A lo que José responde –No, me rehúso a participar en este juego. Soy descendiente directo de las 12 tribus y esto no es lo que debería pasarme después de muerto-. Entonces el Faraón pegó una carcajada y le respondió – ¡Tú no estás muerto! Los muertos son para las cárceles, deberías saberlo, ya estuviste muerto cuando te involucraste en ese adulterio, o acaso ¿ya lo olvidaste? Estas en mis dominios, y te hemos observado. Sabes bien que no eres parte de los muertos, tan solo dejaste tu cuerpo y llegaste al Otro Reino. Así que deja de perder el tiempo y contesta mi primera pregunta: ¿Encontraste Goce en tu vida?-. Y sin dudarlo le respondió –Sí, dedique mi vida a servir a mi Dios y salve al reino de la hambruna por muchos años-. -¡Muy bien!- dijo el Faraón –Ahora, responde a mi segunda pregunta: ¿Tu vida le trajo Goce a otros?-. Y sin dudarlo le respondió –Sí, dedique mi vida a servir a mi Dios y salve al reino de la hambruna por muchos años-.
En la mente del Faraón, solo puntos suspensivos. –No podrás entrar al Otro Reino, lo siento-. José admirado por su sentencia reclama -¿En que he fallado? Dedique mi vida al bien, merezco cruzar-. Ante esta inocente demanda, el gran soberano de la tierra de oro, sonríe y le explica –El bien y el mal son concepciones mundanas y ya sabes que lo que es del mundo, no es de los dioses. Pregunté por el Goce, mas no por el bien, y no supiste distinguir una respuesta que honre a la pregunta. Tu respuesta no distancia tu Goce, del de los otros; y si como dices que todo fue por servir a tu Dios, tampoco discriminas la posibilidad de su Goce. Este Dios tuyo que no conoces su nombre, lo siento ÉL no está en mi lista, así que de estas tres posibilidades de Goce, podríamos saber desde ya quien no participó en el proceso. Pasarás el resto de la eternidad cuestionando la fuente y el objeto de tu placer, sin encontrar respuesta. Es una pena, decidiste morir en el lugar equivocado. Suele pasar-.
Suele pasar…
Escrito en Larrea
Etiquetas: Ideas Delirantes