En su memoria

•Agosto 25, 2009 • Dejar un comentario

monet36

A mis perdidos les adeudo lo callado,

y mis disculpas por todo lo ofendido,

la simpatía del momento inoportuno,

en el que el amor se lagrimeo en su réquiem.

Es todo un trazo en el andar,

este que queda en sus historias,

pues solo yace en la memoria,

la nostalgia de lo que nunca más será.

Solo veo camas con puertas en estos días,

en sus descansos pretendo refugiarme,

y su compañía en este tiempo oscuro,

existe solo en la fantasía.

Suplementos

•Julio 27, 2009 • 3 comentarios

1944_25_Untitled - Design for the ball in the dream sequence in 'Spellbound', 1944

¿Cómo entender la raíz lógica de las opiniones? En tanto opinión, queda demarcado un perímetro particular en relación al universo argumentativo en el uso de la razón. El problema es que estos niveles de conjunción implican una construcción paradójica en su adjetivación de particular, ya que tanto razón, como argumento y opinión, son concepciones interpretativas que parten de otro conjunto universo en esta línea lógica, las creencias. Es decir, la episteme de aquella dialéctica de donde parten los juicios realizados por los sujetos se fundaran por su bagaje significante; lo que implica que todo juicio es de valor, indistinto de su aparente intención.

Cosas de rigurosidad

•Julio 16, 2009 • 2 comentarios

1951_11_Celestial Coronation, circa 1951

En el basamento epistemológico del estructuralismo se parte del entendimiento de la lingüística iniciada por Ferdinand de Saussure en el curso impartido a sus estudiantes, quienes posteriormente publicaron sus enseñanzas. Gracias a esto Lacan alcanza la comprensión de la lógica implícita en las construcciones de los sujetos, tanto abstractas como concretas. El significante toma así un valor imprescindible en esta lógica, colocándose como el elemento indispensable para la relación en cadena que lleva a la conformación de las diferentes formas del lenguaje. Y es que en efecto, la estructura es el lenguaje.

La conjunción entre el registro de las imágenes y el lenguaje conforman toda posibilidad aprehensible de sentido para el sujeto, pero en tanto la cadena significante se conforma por signos lingüísticos entrelazados como efecto de singularidad y emotividad con la que se experimentan los valores de los cuerpos, las significaciones resultan de la conjunción significante y así son cargas imaginarias de categorías enteramente subjetivas. Es decir, el mundo de las cosas goza de un valor especifico otorgado de manera arbitraria gracias a la emotividad depositada en los cuerpos de los que se habla, y en esa dialéctica lo importante son las palabras y el significado en la singularidad de los sujetos.

En esta coincidencia entre las palabras y las imágenes yace el sentido de las cosas. La imágenes de la misma manera se registran desde un punto especifico de la óptica en que se logra capturar una escena presenciada y es bastante claro que toda escena tendrá una tonalidad infinitamente distinta dependiendo del punto focal en el que se coloque la lente especular.

Si la construcción lingüística es arbitraria y el registro especular es singular, nos lleva a preguntarnos sobre la construcción de realidades. Es decir que estamos hablando del registro de realidades interpretativas, que se sustentan por puntos focales de elecciones subjetivas (punto teórico estructuralista que se interrelaciona con el principio de incertidumbre de Heisenberg, axis de la física cuántica).

Entendamos que por fuera de los dos registros que comprometen las elecciones subjetivas y la aprehensión de realidades por la construcción de sentido, yace el registro de aquello que no calza; es ley primaria del estructuralismo, así como de la lógica, que exista un elemento que escapa a toda lógica del discurso establecido, un agujero. En otros términos, existe algo que nunca cesa de no escribirse. Y es esa construcción gramatical conformada de la negación proposicional necesaria para que la afirmación dentro de la estructura goce de consistencia epistemológica en relación a la teoría previamente planteada.

Esto quiere decir que aquel sistema lógico de aglomeración de saber necesita de un agujero de donde partirán las construcciones simbólicas posibles, es un vacio creador. Por lo cual se entiende claramente como todo sistema de saber que pretenda que todo saber es asequible (tal como se puede ver en basamentos objetivistas de corrientes como el constructivismo) carecen de solidez epistemológica. Puesto a que si se sostiene la creencia del todo-saber, implica que existe un punto ciego de elección subjetiva, y para poder alcanzar el entendimiento de aquellos vacios que si alcanza a observar, en tanto fenómenos innegables a los sentidos, existe la inevitable tendencia hacia el eclecticismo, práctica que desde su raíz diluye todo sustento y consistencia teórica/epistemológica de la labor que se efectúe.

Negar el vacio clave de la estructura es una elección subjetiva de ignorar puntos cuestionables ya sea en práctica como en teoría; y retroactivamente esta ignorancia elegida se sostiene por la creencia de la perfección de dicha línea de pensamiento. Es así donde parte la sustitución de la razón como herramienta de la duda metódica, por la racionalización donde se sustenta la aparente certeza que contradice el principio teórico del descubrimiento científico por medio del método cartesiano. Es decir, el discurso científico que se alimenta de certezas, delata en su construcción lingüística la falacia de sus argumentos.

Desde la teoría de la incertidumbre al entendimiento del límite integral de las matemáticas (desde hace más de 80 años) está muy claro que tal cosa como ciencias exactas no existe, y la empresa de alcanzar la verdad absoluta de las cosas parte de un punto teórico de ignorancia. Aquella relación entre la búsqueda de la verdad absoluta y la ignorancia, solo concluye en el terreno de la resolución religiosa de dichos temas, la fe.

Epistheme

•Mayo 26, 2009 • 3 comentarios

1951_02_Raphaelesque Head Exploding, 1951

El hecho de que por casi una década un conglomerado de naciones se sostuvieron en la certeza basada en la creencia de los hechos irrefutables presentados por la ciencia sobre la inferioridad genética del sujeto hebreo, resulta una excelente evidencia, dentro de su misma lógica, que los hechos científicos poseen el mismo sustento epistemológico de cualquier otra creencia, la retórica como eje transversal de la razón. En efecto, creer en la ciencia, pasa a ser el génesis de todo hecho científico.

El día en que descubrí más que la Ópera.

•Mayo 21, 2009 • Dejar un comentario

1930_11_William Tell, 1930

Tenía 8 años cuando fuimos de visita a su casa. Era un mundo distinto; la arquitectura del lugar era extraña, como un constante ensayo y error de algún pintor colocando un trazo sobre otro, y aun así el producto final, nos cautivaba.

Subí por aquella errática escalera y al llegar al segundo piso escuché el silencioso llanto de una niña, era Tati. Llora por las dificultades económicas de sus padres, las cuales la llevaban a renunciar a su más grande amor, la equitación; pasión que también llegue a compartir después de varios paseos y lecciones, Ana era una gran maestra.

Le dije que no llore, pues la niña más bella de este mundo tiene el poder del mar y el viento, era capaz de borrarnos a todos de este mundo por su dolor, y no me importaba, ningún valor tenia la luz del sol si nunca tocaría el calor de su sonrisa nuevamente.

En la habitación del final del pasillo, se escuchaban melodías dramáticas, prolongadas y emotivas. Su padre, Cessar escuchaba sus discos recopilatorios de las grandes Óperas, y le venía bien, después de todo es Italiano. Aunque nunca había escuchado tal cosa antes, algo en mi cambió al comprender que hay algo mas allá de los sonidos. Y la extraña sensación de lo apropiada que se veía la tristeza de aquel payaso de la portada del álbum.

Mientras escuchábamos con atención la fuerza de esa voz, Tatiana sonrió; los dos comprendimos que la tristeza pura, en su efecto, solo produce belleza. Vi como su lágrima acariciaba su sonrisa y la tomé de la mano.

Todo estará bien.

Y el alma de la verdadera imagen de una mujer noble.

•Mayo 1, 2009 • 1 comentario

 

1936_04_a-couple-with-their-heads-full-of-clouds-1936

Despertó un día sin saber a dónde ir. Tanto tiempo lejos y sin saber a qué volver.

En una rutinaria caminata la encontró parada en una acera, tan simple, tan sencilla, tan perfecta. Como una escultura producto de la erosión que al pasar los años seria la fuente de fantasías y mitos; pero ante tal descubrimiento es necesario encontrar respuestas a tantas dudas sobre la distancia entre lo que se busca y lo encontrado. Quizá el arte construya realidades interpretativas, como cualquier otra realidad. Al encontrar, yace la sorpresa, aunque no dure por siempre, como cualquier otra cosa.

Desde las letras de sus nombres, viajando por sus ojos, su cabello, sus manos, su todo; representaba el terror de que al fin alcanzaba la fortuna de tener todo que perder y así se resistieron al acercamiento. Aunque existía algo oculto en ellos que constantemente saboteaba sus planes, parecían inocentes llamados, insignificantes encuentros; pero así se fueron convenciendo.

Una tarde por la fortuna del azar resultaron juntos caminando por las calles en invierno; la conversación lograba cierto nivel indescriptible de calidez entre sus cuerpos. Compartieron historias, leyendas, melodías y mentiras; nada les importaba pues sin notarlo, vivían lo que siempre habían soñado, una compañía. Ella sintió frio y él se detuvo a comprar orejeras para protegerla mientras fantaseaba en los lunares que notó cuando ella lentamente deslizo sus dedos entre su cabello para colocar el lizo del color negro de sus mechones libres al paso de los mejores ejemplares de su decisión. Ella había elegido la orejeras mas tontas y desagradables del mostrador; y en un desborde de irracionalidad esto lo conmovió al ser testigo de la irrefutable evidencia de que la conjunción del romance y la comedia concluían en la certeza de un por siempre. Él le escribió una canción, la cual su cobardía no le permitió dejarla llegar a sus oídos, pero a cambio le entregó otra melodía que daba testimonio de cómo sabia quien era ella desde antes de conocerla erráticamente en la calle. Ella entre lágrimas certifico la verdad evidente de la armonía entre la música, la historia, el amor y ese par de extraños.

Mientras veían una película que hablaba de los viajes y aventuras de un joven anciano, tal como era el mismo espectador, el se perdió en sus pensamientos. Colocado en un asiento posterior a ella, era inevitable encontrar más interés en el arte corpóreo de su silueta que al arte cinematográfico de la pantalla. En su habitual obsesión por los pequeños detalles, admiraba la gesticulación con la que ella colocaba su brazo sin mucha importancia en su pierna; incluso la acompañaba en el viaje desde sus delicados dedos hasta una taza de té amargo, extendía su brazo con tanta gracia que en el arribo de sus labios notaba su sonrisa entrecortada, la cual denunciaba que los lugares, los testigos, las musas y las artes eran más que una coincidencia, no era accidental. Fue esta ocasión en donde ante tal exceso de coincidencia, le provocó la inevitable conclusión de un propósito expuesto. Había algo de verdad en esta imagen. Y como es comprensible: nada más aterrador que la verdad.

Corrieron…

El viaje de José en el Reino del Otro.

•Abril 7, 2009 • 1 comentario

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José, al saber que la vida se despedía de su cuerpo, sintió paz. Y en la figura de su avatar espectro cruzó al otro lado. 

Su grave problema es que sus ideas sobre como debería ser después, muy poco le importaron a su Dios en el momento de construir su cielo, y mucho menos valor tuvo en el momento en que entendió que el Reino de los cielos, no estaba ante la ilusión que parecían ser sus ojos, puesto que José aun creía poseer un cuerpo, una forma humana, incluso aun vestía su túnica de colores. Para su desventaja, el intérprete de sueños murió en el Sahara, lo cual implica que en esta vida, al igual que en la siguiente, yace dentro de territorios de otras deidades.

Abrió sus aparentes ojos después de cruzar y vio que seguía en Egipto, pero el reino entero brillaba como el más puro oro de esas tierras vecinas que después se llamarían Sierra Leona. Una voz profunda pero complaciente le da la bienvenida, y al voltear para ver su rostro, era el Faraón. Era el Otro Reino o como suelen llamarlo algunos, El Reino del Otro.

-Para entrar al Otro Reino, debes contestar dos preguntas- dijo el Faraón Dorado; -Pero, mi señor, yo soy Hebreo, este no es mi lugar- replicó José. Entonces, con un tono hilarante respondió –Tus vestimentas son de la nobleza del reino del otro lado y tal como lo dicen las reglas, si dejaste tu cuerpo en las inmediaciones de Nilo, entras en mi jurisdicción. Pero no te preocupes, dime el nombre de tu Dios, me pondré en contacto con él y empezaremos la negociación sobre tu porvenir-.

En ese momento José trató de recordar todas las enseñanzas de su linaje desde Abraham y llegó a la conclusión de que su Dios cometió la tremenda falta de delicadeza de nunca presentarse, ya que siempre existió; y como todo judío sabe como norma de modales, todo aquel que llega tarde, debe saludar a los que ya estaban ahí desde el principio y quizá por esta razón guardó silencio.

-Lo siento, pero desconozco el nombre de mi Dios. Siempre pensábamos que era el único, así que solo le decíamos “Dios” o “Padre” y en ciertas ocasiones recurríamos al sirio arameo y lo llamábamos por el nombre de “Ihova”, que en últimas instancias también significa “Dios Padre”. No, nunca nos dijo su nombre, nosotros creamos un sobrenombre para el- Dijo el hebreo, lamentando nunca antes haber notado tal carencia de educación de su creador.

El Faraón procedió a explicarle al pobre semita como funcionan las leyes de la jurisdicción celestial y susurrando en su oído simplifica el planteamiento legislativo diciendo –Al final, todo es lo mismo. Así que no te preocupes por estos pequeños detalles. Lo que te debe preocupar es solo tu respuesta a cada una de mis dos preguntas- A lo que José responde –No, me rehúso a participar en este juego. Soy descendiente directo de las 12 tribus y esto no es lo que debería pasarme después de muerto-. Entonces el Faraón pegó una carcajada y le respondió – ¡Tú no estás muerto! Los muertos son para las cárceles, deberías saberlo, ya estuviste muerto cuando te involucraste en ese adulterio, o acaso ¿ya lo olvidaste? Estas en mis dominios, y te hemos observado. Sabes bien que no eres parte de los muertos, tan solo dejaste tu cuerpo y llegaste al Otro Reino. Así que deja de perder el tiempo y contesta mi primera pregunta: ¿Encontraste Goce en tu vida?-. Y sin dudarlo le respondió –Sí, dedique mi vida a servir a mi Dios y salve al reino de la hambruna por muchos años-. -¡Muy bien!- dijo el Faraón –Ahora, responde a mi segunda pregunta: ¿Tu vida le trajo Goce a otros?-. Y sin dudarlo le respondió –Sí, dedique mi vida a servir a mi Dios y salve al reino de la hambruna por muchos años-.

En la mente del Faraón, solo puntos suspensivos. –No podrás entrar al Otro Reino, lo siento-. José admirado por su sentencia reclama -¿En que he fallado? Dedique mi vida al bien, merezco cruzar-. Ante esta inocente demanda, el gran soberano de la tierra de oro, sonríe y le explica –El bien y el mal son concepciones mundanas y ya sabes que lo que es del mundo, no es de los dioses. Pregunté por el Goce, mas no por el bien, y no supiste distinguir una respuesta que honre a la pregunta. Tu respuesta no distancia tu Goce, del de los otros; y si como dices que todo fue por servir a tu Dios, tampoco discriminas la posibilidad de su Goce. Este Dios tuyo que no conoces su nombre, lo siento ÉL no está en mi lista, así que de estas tres posibilidades de Goce, podríamos saber desde ya quien no participó en el proceso. Pasarás el resto de la eternidad cuestionando la fuente y el objeto de tu placer, sin encontrar respuesta. Es una pena, decidiste morir en el lugar equivocado. Suele pasar-.

 

Suele pasar…

Siempre nos queda el domingo

•Abril 7, 2009 • 3 comentarios

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Hoy me despido de ti,
me iré a construir mi casa,
y olvidaré tu nombre,
me alimentaré de letras,
y seré libre al fin,
tomaré mis maletas,
y no empacaré tus sueños,
haré mis propios caminos,
y no pisaré tus huellas,
hoy veré tus ojos,
nunca más tu sombra,
hoy dejaré de ser un niño,
pero nunca dejaré de ser el tuyo,
Adiós Papá.

Miguel y Beatríz

•Abril 7, 2009 • Dejar un comentario

1972_15_dalh-from-the-back-painting-gala-from-the-back-eternalized-by-six-virtual-corneas-provisionally-reflected-in-six-real-mirrors-unfinished-circa-1972-73Una conversación bastó para que él le entregue su corazón; pero ese día ella se veía distinta, sus ojos, sus manos, su demora; cada gesto atentaba contra ese sueño que parecía estar entre sus manos.

En su mente, era imposible detener la repetición de sus palabras, las que al final no fueron más que simples fantasías, y ya sabemos el problema de todo, es que después de la fantasía, la resolución resuena a la conclusión de la magia de la posibilidad. La realidad pasa a ser solo un escenario donde los sueños toman referencias para construir personajes, lugares, objetos, amores, decepciones y después la nada. Solemos ver en nuestros sueños mundos y realidades irrefutables gracias al peso de la fe. 

Creer nos da vida, aunque muchas veces, parece que solo la quita. Creer en que un momento perfecto puede durar para siempre fue lo que lo mantuvo vivo los siguientes años, y si tuvo momentos en que la debilidad era mas evidente que la memoria, la verdad es que en su mente todas las canciones llevaban su nombre.

Mientras pasaban los segundos, ellos sostenían la vida con la esperanza de levantar una memoria de cada momento que no alcanzaron a vivir; desde aquel en que él olvidó las llaves del apartamento y tratando de entrar por la ventana, resbaló y así logró recolectar las firmas de todos sus amigos en un pedazo de yeso a lo largo de su pierna derecha; o el día en que dejando a los niños en la escuela por primera vez, asustada por la ausencia de su mirada, ella se escondió entre los arbustos del jardín, vigilante, para así no suceda nada durante el recreo.

La espera resultaba eterna y era para bien, sabían que era necesario burlar al tiempo alargando cada instante. La escena de sobrevivir el mismo cáncer que aquejo a su abuela esta vez en la vejez propia, provocaba sonrisas de victoria, pues el espacio era mayor para la vida. La esperanza se perdía mientras la sonrisa de sus labios se escurría junto al tono de su piel.

Quería creer que la ambulancia podría llegar a tiempo, pero el silencio delataba que ella ya no respondía. Y se veía distinta, sus ojos, sus manos, su demora; cada gesto atentaba contra ese sueño que parecía estar entre sus manos.

Creía que parecía…

Las aventuras de Peter Pan y los tiempos del cientificismo delirante.

•Abril 7, 2009 • Dejar un comentario
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Desde siempre hemos alcanzado la aprehensión de lo imposible desde aquel sinsentido del “Sabrá Dios…”; pero, si Dios sabe y yo no sé es porque yo no soy Dios; y, si para el ateísmo Dios es una creación ficcional del hombre, entonces lo que no sé y Dios si sabe, solo existe en la imaginación; pero si en esta línea todo es posible, entonces ¿es posible la existencia de Dios?

Recordemos aquel niño asustado ante la distancia, el vacio y la oscuridad, llenando esos espacios con criaturas tan ficcionales como Dios y así manteniendo vivo al Cuco o al Tín-Tín (y no el de las aventuras de los periódicos de domingo). Llega su padre con aires de valentía a salvarlo de los monstruos del armario y el niño se siente feliz y seguro. Aunque una noche su madre le leyó una historia al dormir:

Así es cuando Peter Pan descubrió que la religión no es la única que se alimenta de las creencias y pidió ante Campanita su deseo feliz. 
– ¡Quiero que la razón reine en el mundo de los hijos del hombre! – gritó emocionado por su inocente idea de al fin poder encontrar la respuesta a su ¿Por qué?; pero el hada le respondió con tristeza – Este es el mundo de los hijos de Dios, la fe posee todos los dominios y ante la falencia de la fe, las hadas construimos milagros, mandamos un email al vaticano para poder certificar nuestra obra por los representantes del reino de los cielos en esta tierra y ante tal evidencia irrefutable de nuestra confiable institución, la gente cree en la hadas, y desde entonces los humanos aplauden cada vez que algo les encanta-
Entonces Peter, al no poder alcanzar su deseo feliz, inventó las ideas felices y su primera obra fue crear un grupo de antiguos sabios cuyo poder de credibilidad seria inquebrantable. El aventurero niño no era tonto y aprendió de Campanita todo lo necesario para poder alcanzar finalmente su deseo. El plan era sencillo, ante todo evento posible o imposible le daba un nombre feliz y es así como los hombres podrían reconocer los sucesos, entonces el mundo de los hijos, pasaría a ser el mundo de las cosas; una vez alcanzado esto, los sabios lo certificarían no como milagro, sino como evidencia científica. Y fue así como el mundo de las cosas ante tanto optimismo por esta nueva tendencia, decidió hacerse llamar de cariño “Positivista”. Desde entonces el mundo de las cosas, consiguió una nueva creencia, pero Peter no alcanzo por completo su deseo feliz, ya que la fe, a pesar de perder terreno, siempre se mantuvo firme en su reino de la fe.

Después de unos años, el niño descubre el arte metódico de la pregunta del ¿Por qué? Y esta vez el padre debe salvarlo con una respuesta que no encuentra; y es ahí donde nace el primer acto de cientificismo con el cual el ser humano construye el poder de exorcizar todo demonio; su padre le respondió la primera explicación vaga, fenoménica y empírica que encontró. Desde entonces, el hombre descubre que la mejor arma contra los demonios es “La Razón”. Este invento terrestre mediante el cual todo es posible, explicable, accesible. Resulta una construcción símil a su supuesta y contundente oposición: Ciencia es para evidencia sensible, como religión es para milagro atestiguado.   

Podemos ver a esos niños asustados en cada esquina, hambrientos de sentido; mientras en cada vuelta el vacio acecha los rincones de todo aquello que no se sabe, pero al final dormirán tranquilos pues “Dios sabrá…” o si no “La Razón” lo desvelará.

Gracias a Dios que soy ateo.